Dale, Dale, Dale... !
Las fiestas decembrinas empiezan con las posadas, celebraciones para agasajar a los "santos peregrinos" con recetas como las de la chef Lula Martín del Campo, que le dan un toque novedoso a la tradición.
MARICHUY GARDUÑO . EL UNIVERSAL JUEVES 03 DE DICIEMBRE DE 2009 13:02
El origen de las posadas se remonta al siglo 16, cuando los evangelizadores españoles aprovecharon la celebración indígena del nacimiento de Huitzilopochtli, dios de la guerra, para convertir a los nativos. De acuerdo con el investigador Germán Andrade Labastida, esta fiesta nació en el pueblo de San Agustín Acolmán, a la sombra de las pirámides de Teotihuacan.
"Los aztecas celebraban con toda pompa el nacimiento de Huitzilopochtli; esta ceremonia era precisamente en la época de Navidad, por la noche y al día siguiente había fiesta en todas las casas, donde se obsequiaban a los invitados suculenta comida y unas estatuas o ídolos pequeños hechos con una pasta comestible llamada tzoatl, preparada con maíz azul tostado, molido y mezclado con miel negra de maguey", explica.
La historiadora gastronómica María Fábregas Loson agrega que los religiosos agustinos suplantaron la imagen de Huitzilopochtli por la de María y José, y oficiaban misas en las que intercalaban escenas alusivas a la Navidad.
"Los asistentes se reunían en el templo y en el atrio, las calles se adornaban con farolas y se amenizaba el festejo con cantos religiosos. Los evangelizadores utilizaron ofrendas similares a las brindadas a los dioses prehispánicos: flores, comida, música y danzas, ritos familiares para los convertidos.
"Desde hace más de 400 años, las posadas se realizan del 16 al 24 de diciembre, tiempo que simboliza los nueve meses de embarazo de María y su peregrinar con José desde Nazaret hasta Belén, que culmina con el nacimiento de Jesús", asegura.
COSTUMBRE MODERNIZADA
A principios del siglo XIX la gente cambió su punto de reunión en estas fechas; así que en lugar de atrios, los hogares se llenaron de "peregrinos" que, encabezados por representaciones María y José, caminaban con velas, entonando letanías y pidiendo de puerta en puerta posada para pasar la noche.
"Los agrupados dentro de la casa abrían la puerta para recibir con algarabía a los caminantes. Entonces, como en la actualidad, se encendían bengalas y luces para reiterar la alegría del encuentro", indica Fábregas.
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